10.5.07

Fantasias animadas de ayer y hoy presentaaaaaaa:




















Mi “culturilla” musical empieza con los discos de vinilo de la familia.
Habiendo heredado el tocadiscos del abuelo, una antigualla que,con una aguja nueva, sonaba como un Marantz de medio millón, me tragué todo lo que mis 5 tíos, de diferentes edades, dejaban por ahí.
Esto conllevaba una gran variedad de maneras de ver la musica.
Podías encontrarte con subproductos del estilo de Pajares y compañía o el primer disco de los Kraftwerk, Autobahn, un peñazo de Lp con un solo tema por las dos caras, que algunos consideran el santo grial del tecno, y que a mi me dejaba flipando en las horas de siesta (no tomaba drogas, lo juro). Los horteras (hoy) Boney M, con aquel macarrilla ronco, girando como una peonza sobre unos zapatos de tacón cubano, que al cabo de los años descubrimos con estupor que ni ronco cantaba…Jarcha y su libertad sin ira, utilizado ahora por el facherío de este país, los reyes del falsete, los Bee Gees con sus melenas ondulantes al viento (de ventilador), un colega de voz mustia y andrajoso aspecto, que en la portada de aquel disco, con un sombrero de plumas, parecía el hechicero loco de la tribu,(más tarde supe que el tal Bob Dylan era un genio). Los creadores de la banda sonora de muchos autos de choque, los Abba del copón, con aquella morenaza sueca que me ponía mucho más que la glacial rubita, con sus gorritos de lana lapona, en definitiva, mucho Pop, tecno y tal, pero rock del bueno, poca cosa…Los Cream, The Who, Beatles y compañía, a esos,tardé casi dos décadas en conocerlos mejor.
Y es que las listas de éxitos ya mandaban sobre los gustos de entonces y si además añadimos la poca pasta que tenían aquellos chavales de barrio de Barcelona, había que ser selectivo.
Una noche de tantas en la que mis padres, por ser viernes, me permitían ir más tarde a la cama y me dejaban solo delante de la tele, apareció un tipo de pelo rizado y mallas ajustadísimas.

Era un concierto en directo desde un pabellón de deportes de Madrid y el colega era Miguel Ríos, acompañado de una banda que a mi me sonaron como los ángeles. En ese momento es cuando empiezo a interesarme por la Música, con mayúsculas. El Rock&Rios de 1981, me marca lo suficiente como para saberme las canciones del doble álbum de memoria, imitar el acento y las inflexiones de voz y hasta soy capaz de recrear el ambiente del pabellón, en un prodigio de ventriloquia, convirtiéndome en un pesao del tema…
Hace unos meses compré el dvd del concierto, y viendo lo visto, prefiero cerrar los ojos y darle una patada a la puta nostalgia!
Así que ahora mismo en casa, mi niño baila al son de los horteras del futuro ,de los macarrillas y locazas del porvenir, los Scissor Sisters, por ejemplo…

4.5.07

"Dejad que los niños se acerquen a mi..."














Esta mañana después de recoger a mi hijo en el colegio, parados ante un semáforo, noto como posa su mano en mi hombro, se abre la visera del casco y me comenta “¿Dónde van todas esas monjas, papa?” Al principio sonrío y lo saco de su error “no son monjas hijo, son mujeres musulmanas” “ah”, contesta el.
Arrancamos y en el siguiente semáforo, recapacito sobre el comentario.
La lógica de un niño de seis años es aplastante. Son mujeres con la cabeza cubierta por un chador y largos vestidos hasta los pies, las similitudes con una religiosa, para el, son evidentes.
Eso me hace pensar en lo estupido del razonamiento adulto, de lo hipócrita que puede llegar a ser Occidente, de nuestra manía a criticar lo diferente…
Esas mujeres vestían siguiendo los preceptos de su religión, como miles de mujeres cristianas, católicas o no, siguen portando hoy en día, los hábitos de su congregación.
Podríamos hablar largo y tendido sobre los matices de uno y otro caso. Siempre encontraremos argumentos para defender y atacar cualquiera de las dos opciones.
Pero el cerebro despierto, sin contaminar, de un solo niño de seis años, basta para desarmar la más grande montaña de prejuicios.
Espero seguir aprendiendo cosas de Adrià, cada día, hasta que, por desgracia, entre unos y otros consigamos convertirlo en una persona “normal”.
Espero que para entonces, su hijo, un buen día, montados en el aéreo-deslizador, levante la visera de su escafandra de vuelo y le pregunte algo a su papá que le haga pensar…