Me imagino al pobre infeliz, llegando a casa cargado de ilusión y una cajita con su lacito rojo.Dentro, oh maravilla!! el regalo tan ansiado por su pareja, una reproducción exacta y a escala natural de su propio miembro viril.
Y todo gracias a una maravilla de la técnica llamada, literalmente, por el catalogo, “Clona-tu-pene”… Ella, sorprendida ante la ocurrencia, deja escapar una risilla nerviosa que da paso a la pregunta de siempre: “y…¿que tal por el trabajo hoy?”.
El no lo entiende. Pensaba que le gustaría lo suficiente para probarlo, incluso antes de cenar…Mientras estaba en el despacho la imaginaba a ella en el sofá. Excitada por el presente inesperado, con manos temblorosas, se levantaría el delantal y la falda de pana, apartaría las bragas para dar paso a esa columna jónica del amor, a esa falsa polla de goma basada en hechos reales…
Pero no fue así. Ella no soltó el mando a distancia de la tele. Se limitó a mirar el catalogo de otros productos que incluía la caja, y a leer el prospecto que explicaba detalladamente todo el proceso de fabricación del símil:
“1: Mezcle los polvos de moldeado con agua”
“2: Introduzca su pene*”
“3: Retire fácilmente el molde y llénelo con la mezcla de goma”
“4: Saque una copia exacta de su propio Pene (con mayúscula) y ¡Disfrute!”
El la miraba absorto y seguía sin entender. Ese era su problema. No entendía que ella, cuando muy de vez en cuando se permitía el lujo de fantasear, lo hacia pensando en penes mucho más grandes que el de su marido, es decir, imaginaba que sería sentir un pene normal, como el de cualquier chico del barrio. No necesitaba a Nacho Vidal…
Desconcertado, recoge la caja y los papeles con ánimo de arrojarlos al cubo de la basura. Antes de hacerlo, de camino hacia la cocina, se detiene a leer por última vez .
Se percata del asterisco que seguía a la frase del punto 2 de las instrucciones…
Y suspira mientras lee, “* evidentemente, erecto”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario